Tengo alquitrán entre el pecho y la espalda.
Veneno gris y caliente, que borbotea. Lava.
Podría vomitártelo en la cara.
Aunque, al salir, me abrasara la lengua.
Pero llevas esa máscara tuya, pegada a fuego.
Y aunque lograra derretirte los ojos,
Tengo miedo de que, después del veneno,
Venga la sangre y me quede en los huesos.
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