miércoles, 22 de febrero de 2012

Errores de larga duración.

-¡Ay!-gritó Juana, llevándose las manos al corazón - quita eso de mi vista, por favor.
No contaba los treinta y aquél grito le había salido con la voz de una mujer mucho mayor, como una anciana a la que le duelen las viejas lesiones, como si se le resintiera un moratón imborrable. Hizo una pausa y con un gran esfuerzo cogió las Flores que su hija llevaba en la mano y las echó en la cocina, para que se quemaran con el carbón, cuando hubo tapado el fogón, espiró hondo y se giró hacia la niña con una mirada entre la reprobación y la tristeza. Suspiró forzadamente y al ver su desilusión, sonrió.
- No vuelvas nunca a traer hortensias a casa, jamás, ¿Me oyes?
Lola afirmó con la cabeza y, como cualquier niña, quiso preguntar porqué, pero tenía miedo de que la respuesta de su madre la contrariara todavía más, pensó que no era justo que su madre reaccionara de ese modo, ella era una buena niña, le había traído flores y ya era mucho más de lo que cualquier niño de su clase haría por su madre, ella solo quería arreglar algo, porque sus notas no eran buenas, pero debía demostrar que ella sí era una buena hija. Juana la sentó en una silla y se sentó frente a ella, y sin quererlo, le habló por primera vez como si Lola fuera una adulta.
- Cuando tu abuelo estaba en el frente, bombardearon la ciudad,- por un momento se planteó la idea de que la niña ni siquiera sabía lo que un bombardeo significaba, pero el miedo a que volviera otra vez a traerlas a casa le empujó al fin a seguir con su charla- y una bomba cayó sobre la casa de los vecinos- pensar en aquello pareció paralizarla un momento- les quería mucho, cariño, eran mis mejores amigos, ¿sabes? ¿te acuerdas que te conté de que la abuela era mala conmigo y con tu tío?
La niña asintió tímidamente, pensaba en las flores quemándose en la cocina, y comenzaba a hundirse porque su madre jamás le había hablado tan seriamente.
- Cuando salí a la calle, me encontré a mis amigos muertos en el jardín, tenían hortensias allí, hija, no puedo verlas sin pensar que están cubiertas de sangre, ¿Lo entiendes?
Y como si el esfuerzo por recordarlo dejara el tema zanjado, Juana se puso en pie y comenzó a preparar la comida. Lola se sentó poco a poco en una de las sillas del comedor, se sintió pequeña y oscura, acababa de hacer algo horrible, daba igual que no conociera aquella historia, había hecho algo horrible, había hecho sufrir a su madre, y era una decepción que, aunque era demasiado pequeña para entender porqué, no podía tolerarse. Así que se echó a llorar.
Juana dejó lo que estaba haciendo, se agachó y la abrazó inmediatamente, sin pensarlo, como un impulso natural, como cuando Lola era un bebé.
-¿Porqué me riñes?
- No te reñía…
- Sí.
- No volveré a reñirte, ¿de acuerdo cariño? No lo haré más.

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