lunes, 20 de febrero de 2012

No os metáis conmigo, que algo es algo.

Cada vez deseo más ser otra persona, a cada día que pasa, a cada conversación que tengo con quien me rodea más seguro estoy de que he elegido el camino equivocado, el más miserable y el más difícil. He caído en una trampa estúpida, mi vida ha sido como una obra de teatro que comienza siendo una comedia y poco a poco se transforma, sin comprender cómo, en una novela realista del siglo pasado. Sólo que con mucha menos resonancia. Quiero recordar cómo llegué aquí, quiero saber qué momento fatal de mi vida me empujó a pensar que las sombras, los colores, los márgenes, la luz y todo lo que viene con ella, me salvarían. Era precisamente esa la sensación que tenía. Cogía un pincel, o un lápiz y descifraba el espacio que ocupaba cada forma, automáticamente cada color y cada milímetro se transformaba en dos únicas dimensiones y tenía la capacidad de copiar, a veces de una manera asombrosa incluso para mí mismo.
Pero nada más, creía que la felicidad que me daba hacer aquello, el reconocimiento, sería todo lo necesario. Me daba derecho a todo. Aunque en realidad no estoy seguro de que esperara grandes emociones, ni grandes ventas, ni grandes reconocimientos, al menos no mucho más grandes de los que ya había obtenido hasta que entré en la facultad, hasta que elegí no hacer otra cosa. Lo cierto es que la vida está muy raramente hecha de grandes emociones, de momentos estelares como en las películas, o en las novelas, las hacemos grandes nosotros, la autosugestión es un gran peligro, y para mí ha sido el peor.
Ahora que lo pienso me ocurrió lo mismo con Anna, la confundí con una idea, y por eso no me consideraba digno de ella, yo era demasiado complicado, demasiado bajo para ella, ella era perfecta, y no le importaba lo más mínimo que yo solo tuviera en mente la pintura. Creí que estaba viviendo algo más elevado, algo más misterioso, hasta que poco a poco me di cuenta de que aquello era real, que al final del túnel de un romance no había nada más que un gusto terrible a realidad, y me asusté, podía aguantar un amor elevado pero uno real era demasiado para mí.
Y no he vuelto a estar con nadie, con nadie más que mi carrera, y cada vez que lo pienso siento más pánico, más vértigo, tal vez por eso no hay más que Ícaros en mi mente ya no puedo pintar otra cosa. A parte de eso, ya no sé hacer nada más que copiar.

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